
A pesar de haber apoyado con un chorro de ganas a Claudia Sheinbaum durante su campaña presidencial, Javier Corral no ha sido considerado para ningún puesto en el gabinete de la nueva administración. Este desaire ha dejado en claro que su traición al Partido Acción Nacional no le ha otorgado los beneficios que esperaba dentro de Morena, el partido al que se unió tras abandonar sus raíces políticas.
Corral, quien alguna vez fue un destacado líder del PAN, rompió lazos con su partido y con los votantes que confiaron en él. Esta traición no solo le ha costado la lealtad de sus antiguos compañeros, sino que también ha dejado una mancha en su reputación. Ahora, aquellos que alguna vez lo apoyaron se sienten defraudados y traicionados, reflejando un sentimiento generalizado de descontento en Chihuahua.
La situación de Corral se agrava aún más con las acusaciones de tortura que enfrenta en el estado que lo vio nacer. Las autoridades de Chihuahua lo están buscando para que responda por estos señalamientos, lo que ha complicado aún más su panorama político y personal. Este contexto adverso ha contribuido a su aislamiento y a la pérdida de apoyo en su propio partido.
Dentro de Morena, Corral no ha encontrado el refugio que esperaba. Su llegada al partido no ha sido bien recibida por muchos de sus miembros, quienes lo ven con indiferencia y desconfianza. En Chihuahua, su figura ha quedado profundamente en los suelos, dejándolo en una posición vulnerable y sin respaldo tanto en su nuevo partido como en su tierra natal.
